¿Por qué tus hijos hacen lo que hacen?

1.- Porque Tú Los Dejas.

Hacen lo que hacen porque tú se los permites, los hijos se convierten en lo que son, porque sus padres lo permiten, así de sencillo. Si tu hijo está haciendo un desastre de su vida, vendrás a mí y me darás un millón de excusas, le vas a echar la culpa a la música que escucha, a las películas que ve, a los libros que lee (si es que lee), a la violencia que transmite la TV, al sistema educativo, o a la presión que ejerce la sociedad (o sus amigos), créeme, lo he escuchado miles de veces así es que has a un lado la indignación y piensa en esta verdad: Tus hijos son producto de tu paternidad (De tu manera de educarlo).

2.- No Hay Consecuencias Del Mal Comportamiento.

Los padres dejan hacer a sus hijos lo que quieran, con muy poca información de lo que es aceptable y lo que no lo es. Si ellos hacen algo mal, no hay consecuencias por el inaceptable comportamiento. Algunas veces decimos: “si haces esto te va a pasar aquello”, y “si no haces aquello te va a pasar esto”, después ellos no hacen lo que tienen que hacer y no pasa nada, no cumplimos la promesa de las consecuencias advertidas. ¿Sabes en que se convierte un padre que no cumple con las consecuencias advertidas?, en un Mentiroso; y eso justamente aprenden nuestros hijos, a mentir.

3.- Tu Les Dices A Tus Hijos Que Son Especiales.

Quizás no vas a estar de acuerdo conmigo en esto, pero es una realidad. Si eres de los que cree que su pequeño ángel es especial, lamento decirte que no lo es; si les dices a tus hijos constantemente que son especiales, los perjudicas más que ayudarlos, Tu hijo es especial para ti y solo para ti, no lo es para nadie más. Tu hijo nació con todo tu amor y verlo crecer es toda una maravilla, sin embargo cuando crece y cruza tu puerta para ir a la escuela, él, solo es un niño más en la lista de la escuela, y no hay nada de especial acerca de él. En el mundo real, tu hija no es una princesa, ni tu hijo un príncipe, solo es un niño más. Los hijos deben entender y aprender a crecer sabiendo que al instante que dejen tus amorosos brazos y entren al mundo real, nadie los amará por la única razón de que existan, como lo haces tú. Así que para conseguirlo, deberán esforzarse.

4.- Tú Haces Que Tus Hijos Sean La Cosa Más Importante En Tu Vida.

No lo son. Sé que piensas que lo son pero no es así; cuando dejas a tus hijos pensar que son la persona más importante en tu vida, aprenden a manipularte y terminarás haciendo lo que ellos digan. Tus hijos son importantes, no me mal entiendas, tus hijos deberían ser amados incondicionalmente; pero los padres que ponen por encima de todo, la felicidad de sus hijos y sacrifican su propia vida y algunas veces su matrimonio también, cuando acabe la labor como padre, tus hijos crecerán y te dejarán, e irán en busca de su propia felicidad y tú te quedarás únicamente con tu esposo (a). Si todo tu tiempo y energía lo gastas únicamente en tus hijos, cuando ellos se vayan… no tendrás la certeza de que tu compañero (a) estará contigo; esa es una de las razones porque hay divorcios luego de que los hijos se van, pues la única cosa en común que tenían eran los hijos, y nunca alimentaron el amor marital como lazo de unión con otra cosa que no fueran los hijos. Esto mismo pasa con las madres y padres solteros, ellos gastan tiempo y energía en sus hijos, sacrifican su propia vida, pensando que lo mejor es servir a sus hijos y poner su vida “en espera” mientras los ayudan a madurar, y después los hijos se van y ellos se quedan solos sin compañero(a) con quien envejecer juntos, por lo general terminan tratando y viendo a su hijo de 50 como si fuera de 4 años.

5.- Fallas Al Enseñarles La Diferencia Entre Derechos Y Privilegios.

Los hijos tienen entre otros los siguientes derechos: a la vida, a jugar, a la libertad de opinar, a una familia, a la protección contra el trato negligente, a la alimentación, etc. Los privilegios son concesiones ganadas por una acción determinada; a nuestros hijos les compramos cosas, lo más actual en videojuegos, por ejemplo, o ropa o zapatos de marca, o una mascota, e incluso los llevamos al cine o a vacacionar, les compramos celulares, etc., etc. y todo gratis, a cambio de nada, hoy te digo que aunque te sobre el dinero para complacer a tu hijo, tienes que enseñarle a ganárselo; él tiene que saber que las cosas que le gustan cuestan y hay que pagar un precio por ellas, incluso estas cosas te ayudarán en la negociación de actitudes y comportamientos.

6.- Trabajas En El Autoestima De Tu Hijo.

La palabra autoestima es una palabra compuesta de auto: uno mismo, y estima: amor, o sea, amarse a uno mismo. No le puedes proporcionar una valoración positiva de él mismo, confundimos el animarlos y apoyarlos con aumentar su autoestima y cambiamos la regla de “si tiene alta autoestima tendrá éxito en todo”, y en realidad es al revés “si tiene éxito en todo, aumentará su autoestima”. Así que si quieres que tengan autoestima alta, enséñale a alcanzar exitosamente sus objetivos.

7.- Se un ejemplo a seguir o si no es importante no importa.

Que se bañe porque tú te bañas todos los días, que no le apesten las patas porque a ti no te apestan las patas, que no se eche pedos porque tú no lo harías jamás. ¿Así o más claro?

El Optimista Nace o se Hace

Ser unos padres optimistas es mucho más que ser unos padres alegres y divertidos. El optimismo nos permite ver lo positivo de cuanto nos rodea. Es un hábito de pensamiento que aporta a nuestra familia seguridad y confianza en que los errores, los problemas y las dificultades son oportunidades de mejora, de cambio y crecimiento. Nuestros hijos están en una etapa de constante aprendizaje y de continuas equivocaciones. La actitud que mostremos en estas situaciones será vital si queremos que crezcan con la convicción de que los problemas son oportunidades para crecer y mejorar.

El optimismo tiene que ver con la alegría y el buen humor pero no son la misma cosa. El optimismo es un hábito de pensamiento positivo. El diccionario define el optimismo como la propensión a ver y a esperar de las cosas la parte más favorable.

Las personas optimistas se deprimen con menor frecuencia, gozan de mejor salud y tienen más éxito en la escuela y en el trabajo.

Un niño de hoy tiene diez veces más probabilidades de estar deprimido y de estarlo en etapas más tempranas del ciclo de la vida.

El optimismo es, además de un hábito de pensamiento positivo, una cualidad de la inteligencia emocional que se puede aprender (o no), si el entorno lo favorece.

Pautas que los padres podemos seguir para:

Enseñar A Un Niño A Ser Optimista

  • Debemos reconocer cuál es nuestra tendencia habitual de pensamiento y ejercitarnos en lo positivo si observamos la tendencia contraria. Los padres somos modelos de conducta y nuestros hijos copian y absorben la forma en que nosotros enfrentamos los problemas. El optimista considera que los acontecimientos positivos y agradables ocurren habitualmente y que los contratiempos son sucesos puntuales y superables en mayor o menor medida. La persona con un pensamiento habitualmente positivo, pone los medios para lograr que las cosas buenas sucedan.
  • Tenemos que cuidar mucho la forma en que corregimos a los niños. Tener un hijo optimista es casi tan bueno como tener un padre optimista. Un padre optimista ve en los problemas con los hijos oportunidades para fortalecer la relación y crecer juntos en vez de verlos como situaciones irritantes y exasperantes. Veamos la actitud de un padre optimista y la de un padre pesimista frente a un mismo hecho:

El hijo ha olvidado su bolsa de deporte en casa a pesar de que le habían avisado repetidamente de que la cogiera y él sabía que en el colegio tendría problemas si se presentaba sin el equipo deportivo.

Estilo De Padre Optimista (Al Regresar El Niño De La Escuela)

P: ¿Qué tal te ha ido hoy?

N: No muy bien.

P: Vi que dejaste la bolsa de deporte aquí esta mañana.

(1. Descripción concreta y temporal del incidente).

N: Sí, y ¡vaya la que me han reprendido en clase! Traigo una nota del profesor para ti.

P: Déjame ver (lee la nota). Es la cuarta vez en este mes que ocurre lo mismo y el profesor cree que puedes solucionarlo. (2. El padre concreta el problema sin cargar la mano sobre el error de su hijo).

Ahora ve a tu habitación y prepara un cartel para poner en la puerta de salida de manera que mañana te acuerdes de coger tu bolsa. Cuando lo hayas terminado preparas tu bolsa y cuelgas el cartel. (3. El niño tiene la oportunidad de reconocer su problema) (4. El padre le ha ofrecido una salida adecuada que le ayudará a resolver por sí mismo la situación).

Veamos Ahora Una Reacción Posible De Un Padre Estilo Pesimista

P: ¡Qué! ¿Te ha ido bien hoy en la escuela? (con tono escéptico)

N: ¡No!

P: ¿Ah, no? y ¿por qué?

N: ¡Ya lo sabes, he dejado la bolsa de deporte aquí! (El tono usado ya ha causado en el niño una barrera comunicativa hacia el padre).

P: Es que siempre te pasa igual. Mira que te lo he repetido esta mañana. Cuando he visto la bolsa aquí me he puesto furioso. No hay manera de que cambies. Y seguro que el profesor te ha dado otra notita de esas que tanto me gustan, ¿verdad? (El padre no concreta el problema, lo define como general y repetido en el carácter de su hijo con la palabra “siempre”. No deja posibilidad de cambio).

N: Sí.

P: ¿Lo ves?, tu irresponsabilidad nos hace quedar mal a todos. Sal de mi vista y métete en tu habitación. (Tiene una reacción exagerada y vierte su sentimiento de vergüenza ante el profesor sobre el niño. No concreta el castigo ni ofrece salida. Es una situación que causará demasiada culpa en el niño).

  • Cuando nuestros hijos se expresan en términos pesimistas podemos ayudarles a apreciar los problemas desde una vertiente más enriquecedora y creativa.

Podemos apreciar cómo nuestra respuesta frente a los conflictos con los niños determina si somos capaces de sacar provecho en bien del niño, mostrándole cómo podemos enfrentar los problemas de forma optimista, o si por el contrario, nuestro hijo saldrá de la situación dañado por nuestras palabras y por una actitud pesimista que no deja salida. Apreciemos que los pasos que nos ayudarán a una mejor corrección serán:

    • Describir concreta y temporalmente el incidente. Utilizar palabras como “siempre”, “nunca”, “otra vez igual”, “no cambiarás nunca”, etc. cierran al niño completamente el camino del cambio. Comunica que el padre piensa que el niño no puede corregir sus propios errores.
    • Concretar el problema sin cargar la mano sobre los errores. La frustración que a menudo surge en nosotros como padres al ver los errores repetidos de nuestros hijos desemboca en mal humor, enfado o ira. Comunicar todos estos sentimientos ya sea abiertamente o a través de nuestras actitudes pone sobre las espaldas del niño una culpabilidad que en muchos casos será desmedida.
    • Ofrecer al niño la oportunidad de identificar el problema. Podemos describir al niño la situación, o podemos ayudarle a que revise lo sucedido sin cargas negativas, sin críticas, de modo que pueda analizar los hechos y sus consecuencias. De esa manera él sentirá que estamos a su lado para ayudarle, no para hundirle más.
    • Ofrecer una salida adecuada que le ayude a resolver por sí mismo la situación. La infancia es, eminentemente, una etapa de aprendizaje. Los padres efectivos responden a los problemas encontrando salidas. Ofrecen a sus hijos posibilidades de solución que permitan el aprendizaje, el crecimiento personal y la mejora.
  • El optimismo es mucho más que un estado de ánimo, es una actitud frente a la vida, es un hábito de pensamiento. El optimismo nos permite ver lo mejor de nosotros mismos y de los demás, poniendo los errores y las imperfecciones en el lugar que le corresponden, sin dramatismos ni juicios exagerados. Lograremos así una educación equilibrada, divertida y sana, que aunque no esté exenta de conflictos sí nos permitirá poner distancia entre lo que nuestros hijos son (personas en crecimiento y constante aprendizaje) y lo que hacen (errar, equivocarse, resistirse, abandonar…).

El optimismo transmite confianza y seguridad. Comunica que estamos seguros de que el cambio y la mejora son posibles si nos esforzamos y nos dedicamos a ello. El pesimismo cierra las puertas al cambio, destruye la autoestima y no permite el avance dado que comunica derrota y negatividad.

Aprender juntos a sacar provecho de los conflictos, las dificultades y los problemas edificará en nuestra familia unos hábitos sanos de crecimiento y superación.

Algunos no están atados porque sean discapacitados, sino que son discapacitados porque han estado atados.